jueves, 5 de marzo de 2015

El confidente


" Durante un momento adoptó una expresión rara. Luego se volvió y se alejó balanceando un poco los hombros. Apoyaba los pies planos y los sacaba bastante hacia fuera al andar. Su forma de caminar era un poco negroide, igual que su rostro.
Me levanté y salí por la gran puerta blanca doble hacia un vestíbulo oscuro, recogí el sombrero y el abrigo y me los puse. Luego atravesé otra puerta de doble hoja que daba a una amplia veranda con adornos de marquetería a lo largo del borde del tejado. Había niebla marina en el aire, y los cipreses de Monterrey que agitaba el viento, frente a la casa, estaban empapados por esa neblina. Los campos descendían con un suave declive en la oscuridad, hasta una larga distancia. La niebla ocultaba el mar.
Había aparcado el coche fuera, en la calle, al otro lado de la casa. Me calé bien el sombrero y fui andando sin hacer ruido por el húmedo musgo que cubría el camino de entrada, di la vuelta al recodo del porche y me quedé quieto, rígido.
Un hombre estaba justo delante de mí con una pistola… pero él no me veía. Llevaba la pistola bajada, contra el costado, apretada contra la tela de su abrigo, y en su mano enorme la pistola parecía bastante pequeña. La luz mortecina que se reflejaba en el cañón parecía proceder de la niebla, ser parte de la niebla. Era un hombre alto y estaba erguido y muy quieto, de puntillas.
Levanté la mano derecha muy despacio y me abrí los dos botones superiores del abrigo, busqué en el interior y extraje un largo 38 con su cañón de quince centímetros de largo. Me lo metí en el bolsillo del abrigo.
El hombre que tenía delante se movió, levantó la mano izquierda y se la llevó hasta la cara. Dio una chupada al cigarrillo que llevaba oculto en la mano hueca, y el resplandor iluminó brevemente una barbilla pesada, amplia, una nariz de aletas oscuras, cuadrada y agresiva, la nariz de un boxeador.
Entonces tiró el cigarrillo y lo pisó, y un paso ligero y rápido emitió un leve ruido detrás de mí. Era demasiado tarde para volverme.
Se oyó un susurro y yo me apagué como una linterna.
"


El confidente (fragmento) Raymond Chandler

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